
Cuando llegamos ante el Castillo de Avellino nos sorprendió enseguida una cosa: no está en lo alto de una colina, como cabría esperar, sino en la parte baja de la ciudad. Solo quedan ruinas, y sin embargo entre esos muros se cruzaron historias de reyes, príncipes y cortes renacentistas. Os contamos lo que conviene saber antes de ir.
Un castillo distinto de los demás
El castillo de Avellino es una fortificación poco común en la Irpinia, tierra de fortalezas encaramadas en las alturas. Este, en cambio, se alza en la zona baja del centro, no lejos del Teatro Gesualdo. Hoy es propiedad del Ayuntamiento de Avellino, que desde hace años lleva a cabo obras de recuperación y restauración.
Lo incluimos con gusto en nuestro itinerario Avellino y alrededores, porque es uno de los pocos lugares de la ciudad donde se palpa la Edad Media de Avellino.
¿Longobardo o normando?
El nombre con el que se conoce refleja la tradición: el castillo habría nacido en época longobarda, con funciones militares y de residencia para quien administraba el territorio. Algunos estudiosos sitúan su origen entre finales del siglo IX y principios del siglo X.
Estudios más recientes, sin embargo, consideran que la estructura que vemos hoy se remonta más bien a la época normanda, probablemente a la primera mitad del siglo XII. Durante las restauraciones aparecieron también restos que hacen pensar en una presencia aún más antigua, de época romana. En resumen, la historia de este lugar está todavía en parte por escribir, y eso es precisamente lo que lo hace fascinante.
De los normandos a los aragoneses
El castillo fue protagonista de los acontecimientos del reino normando. Según las fuentes locales, en 1130 el antipapa Anacleto II reconoció aquí a Roger II como rey; pocos años después, en 1137, el propio Roger atacó la fortaleza y la dañó gravemente.
En los siglos siguientes pasaron por aquí soberanos y señores de diversas dinastías, hasta llegar a los aragoneses: en el siglo XV las tropas de Alfonso de Aragón asediaron el castillo y abrieron brechas en sus muros.
La corte renacentista de Maria de Cardona
El periodo más brillante llegó en el siglo XVI. A principios de siglo Maria de Cardona y su marido Francesco d'Este emprendieron la transformación de la fortaleza en un palacio renacentista, y el castillo se convirtió en un pequeño centro de cultura frecuentado por literatos y poetas. Nos gusta imaginar aquellas salas llenas de música y conversaciones, tan distintas de las piedras desnudas de hoy.
Los Caracciolo, los terremotos y el declive
En 1581 el feudo de Avellino fue adquirido por Marino I Caracciolo, que pocos años después se convirtió en príncipe de la ciudad. En 1630 el castillo acogió a María de Austria, infanta de España y reina de Hungría.
Los terremotos, sin embargo, marcaron su destino: tras el de 1561, los seísmos de 1688, 1694 y 1702 lo dañaron de forma irreparable. En la primera mitad del siglo XVIII muchas de sus piedras se reutilizaron para construir el Palazzo Caracciolo en la piazza Libertà. Si paseáis por el centro, os recomendamos mirar ese palacio pensando de dónde vienen sus sillares.
En los años setenta del siglo XX se llegó incluso a proponer la demolición de las ruinas, evitada gracias a la intervención de los organismos de protección del patrimonio. Desde 1978 el Ayuntamiento ha emprendido su recuperación, y las restauraciones y excavaciones de los años siguientes han aportado nuevos datos sobre la historia del lugar.
Qué se ve hoy
Hoy el castillo se presenta como un conjunto de ruinas: tramos de muralla, estancias excavadas en parte, restos de las estructuras defensivas. No esperéis salas amuebladas: aquí lo bonito es leer la superposición de las piedras e imaginar las distintas fases de la fortaleza. Periódicamente se organizan visitas guiadas, que os recomendamos para entender mejor lo que estáis viendo.
Para quienes aman el lado más insólito de la ciudad, el castillo encaja perfectamente también en el recorrido que os propusimos en Qué hacer en Avellino: lugares misteriosos y fascinantes.
Cómo llegar y cuándo ir
El castillo se encuentra en el centro de Avellino y es fácil llegar a pie desde el corso Vittorio Emanuele y las plazas principales. Si llegáis en coche, conviene dejarlo en uno de los aparcamientos del centro y seguir a pie.
- La primavera y el otoño son las estaciones ideales para un paseo por el centro.
- El acceso a la zona no siempre es libre: comprobad horarios, visitas guiadas y entradas en la web oficial del Ayuntamiento antes de salir.
- Combinad la visita con un día en la ciudad, quizá siguiendo nuestro Fin de semana en Avellino.
En los alrededores
A pocos pasos del castillo y fuera de la ciudad hay otros lugares que os recomendamos:
- El obelisco del «Rey de bronce» y los palacios históricos del centro: El Obelisco de Carlos II y el Palazzo De Conciliis.
- Las colecciones arqueológicas y la pinacoteca: El Museo Irpino y la antigua Cárcel Borbónica.
- En el Partenio, la fe y los paisajes de El Santuario de Montevergine.
- Para otro castillo de la Irpinia lleno de historia normanda: El Castillo de Ariano Irpino y el Museo de la Civilización Normanda.
Foto superior (Avellino): autor desconocido, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons.
