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La sfogliatella Santa Rosa

La sfogliatella Santa Rosa
Foto: Diego Delso · CC BY-SA 4.0 · redimensionada y recortada

Todo el mundo conoce la sfogliatella napolitana, pero pocos saben que su antepasada nació en un monasterio asomado al mar de la Costa Amalfitana, en Conca dei Marini. Fuimos a buscar los orígenes de la sfogliatella Santa Rosa y os los contamos, junto con algún consejo para disfrutarla.

Un dulce nacido en un convento

La historia empieza en el siglo XVII en el monasterio de Santa Rosa, que lleva el nombre de Santa Rosa de Lima y se encarama a la roca de Conca dei Marini. Según la tradición, una monja que se ocupaba de la cocina decidió no desperdiciar un poco de sémola cocida en leche: la enriqueció con frutos secos, azúcar y licor de limón y la envolvió en una masa.

El dulce tomó el nombre de la santa a la que estaba dedicado el monasterio, y durante cerca de siglo y medio la receta fue un secreto celosamente guardado por las monjas.

De Conca dei Marini a Nápoles

El cambio llegó a principios del siglo XIX, cuando el pastelero napolitano Pasquale Pintauro se hizo con la receta. A partir de 1818 empezó a vender las sfogliatelle en su obrador de Nápoles, modificándolas: quitó la crema y las guindas y perfeccionó la versión hoy más famosa, la sfogliatella riccia, crujiente y con su característica forma triangular. Junto a ella nació también la sfogliatella frolla, redonda y tierna, con el mismo relleno.

La Santa Rosa, sin embargo, nunca desapareció: en la Costa ha seguido siendo un símbolo de la repostería tradicional.

Cómo es hoy

La sfogliatella Santa Rosa tiene una envoltura de hojaldre crujiente, parecida a la de la riccia, y un relleno de sémola, ricota y fruta confitada. Lo que la distingue es la decoración: encima lleva un copete de crema pastelera y algunas guindas en almíbar. El resultado es un dulce más rico y vistoso que su prima napolitana.

Os recomendamos comerla templada, recién salida del horno, cuando el hojaldre cruje entre los dientes y la crema todavía está suave. Acompañada de un café, es el desayuno perfecto antes de una jornada por la Costa.

El monasterio hoy

El antiguo monasterio de Santa Rosa domina todavía Conca dei Marini desde lo alto, con su mole asomada al golfo de Salerno: solo verlo desde la carretera ya merece la parada. El pueblo, recogido entre la montaña y el mar, es uno de los más tranquilos de la Costa.

En los alrededores

Conca dei Marini es el punto ideal para explorar la Costa: para una visión completa, empezad por nuestra guía Salerno y alrededores. A dos pasos está el Fiordo de Furore, y un poco más allá os esperan Amalfi: qué hacer y qué ver y el Limone Costa d'Amalfi IGP, ingrediente de muchos dulces de la zona. Si queréis bajar la sfogliatella, probad el Sendero de los Dioses.

Foto superior (Conca dei Marini): Diego Delso, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

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